Rodway

por

·

Hace poco escribía en este mismo blog sobre un single de Los Payos que sonaba en mi casa el verano de 1969, y sobre la sorpresa de reconocer años después, en las filas de Triana, la cara de uno de aquellos cuatro chicos con pajarita. Eduardo Rodríguez Rodway. No imaginé que volvería a escribir sobre él tan pronto, y mucho menos para esto.

Rodway ha fallecido el 26 de septiembre en el hospital de Puerto Real, en Cádiz, a los 81 años. Vivía desde hacía tiempo en Caños de Meca, cerca del mar. Con su muerte desaparece el último de los tres fundadores de Triana: Jesús de la Rosa murió en 1983, Juan José Palacios «Tele» en 2002. De aquel trío sevillano que cambió para siempre la música de este país ya no queda nadie.

Antes de Triana estuvo Los Payos, y antes de Los Payos, Sevilla, donde Rodway nació en 1945. Pero fue con la guitarra de Triana con la que escribió su página más importante. El patio (1975) y Hijos del agobio (1977) fueron sentando las bases de algo que todavía no tenía nombre, hasta que Sombra y luz (1979) le dio forma definitiva y éxito comercial: una fusión de flamenco y rock que acabó bautizada como rock andaluz, y que sirvió de referencia a grupos como Guadalquivir, Mezquita o Alameda. Décadas después, artistas tan distintos como Kiko Veneno, Manolo García o Luz Casal —y otros más jóvenes, como Derby Motoreta’s Burrito Kachimba o Los Estanques— han reconocido su deuda con aquel sonido.

La muerte de Jesús de la Rosa en 1983, en un accidente de tráfico, disolvió el grupo. Rodway publicó dos discos en solitario y se retiró en 1987. En 1994 volvió, a petición de Tele, para que Triana siguiera sonando con otros músicos. Pero tras la muerte de Tele la marca pasó a su viuda, y el grupo continuó sin ningún miembro fundador. Rodway disputó ese legado en los tribunales en sus últimos años, y lo perdió. Una historia que mancha un poco el final, pero que no borra nada de lo que vino antes.

Guardo un disco de Los Payos en el que él firma una canción, grabado años antes de que su nombre quedara para siempre unido al de Triana. Ese single seguirá girando en mi tocadiscos, y cada vez que lo haga pensaré un poco en él — y en aquel niño que tocaba una guitarra imaginaria al ritmo de María Isabel.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *