Robert Mitchum cantaba (y no lo hacía nada mal)

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Me gustó la canción que sonaba en la radio, una versión de “Sunny” con un cantante que, la verdad, no lo hacía nada mal. Tenía una voz a lo Sinatra, cálida y desenfadada. Cuando terminó y dijeron su nombre, no me lo podía creer. ¿Robert Mitchum? ¿El actor?

Cantantes que hicieron pinitos en el cine los ha habido a patadas, pero actores de la talla de Mitchum que se pasen al disco, no tantos. Por eso mi sorpresa fue mayúscula: no tenía ni idea de esta faceta de uno de mis actores favoritos.

No tardé en ponerme a buscar el disco: That Man Robert Mitchum… Sings.

Del plató al estudio (y viceversa)

Que un cantante se pase al cine no tiene nada de raro. Lo han hecho los más grandes, empezando por el propio Sinatra, que se ganó un Oscar. Lo contrario, en cambio, es más escaso: un actor de primera fila que decide grabar discos y no se queda en la anécdota de una canción suelta. Y no digamos ya un actor como Mitchum, el duro por excelencia, el de la mirada cansada y los párpados caídos, el hombre al que nadie imaginaba tarareando una balada.

Un Mitchum con micrófono

Lo cierto es que la música le acompañó más de lo que yo creía. En 1957 grabó para Capitol Calypso… Is Like So…, un disco de calipso que hoy es una rareza deliciosa, de esas que los coleccionistas buscan con una sonrisa. Antes, en La noche del cazador (1955), había cantado como el inquietante predicador de la película, con un himno religioso que, en su boca, resulta más turbio que piadoso. Y en Thunder Road (1958), película que protagonizó y produjo, coescribió con Don Raye “The Ballad of Thunder Road”, que se editó también como single.

Años después llegó el disco que me ha traído hasta aquí: That Man Robert Mitchum… Sings (1967), con un repertorio de aire country-pop y un single, “Little Old Wine Drinker Me”, que fue lo más cerca que estuvo de las listas de éxitos.

El disco que encontré

Lo he escuchado por internet, sin portada que mirar ni surco que ver girar, algo que en este blog casi parece una herejía. Pero la música sonaba igual, y la voz de Mitchum seguía ahí: grave, tranquila, sin esfuerzo, la de un hombre que no necesita demostrar nada.

“Sunny” fue lo que me enganchó, pero el resto del disco mantiene el tipo. Es un disco muy agradable de escuchar, de los que no piden toda tu atención y, sin embargo, te la ganan poco a poco. Funciona como buena compañía mientras haces otra cosa: lo pones de fondo y, de vez en cuando, esa voz te hace levantar la cabeza. No busca deslumbrar, y quizá por eso se queda contigo.

Una asignatura pendiente

Lo reconozco: solo lo conozco en digital y eso sabe a poco. Me falta la funda, el peso del vinilo y esa pequeña ceremonia de poner la aguja. Así que toca ponerse a buscar. Quizá empiece por el single de “Little Old Wine Drinker Me”, que parece una pieza más asequible, y de ahí ya veremos. Si alguna vez cae en mis manos, prometo contároslo.

Robert Mitchum – Sunny

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