Cuando eres niño todo lo ves con esa mezcla de curiosidad y fascinación propia de la edad en la que empiezas a descubrirlo todo. Así veía yo este disco. Me fascinaba el sonido de esas guitarras, ese punteo limpio y ligeramente tembloroso que parecía venido de otro planeta, y también esa portada: cuatro chicos vestidos de rojo y blanco tocando sus instrumentos mientras una chica bailaba en primer plano con un bodi negro y zapatos de tacón. Todo en aquella imagen olía a América. Estaba convencido de que The Violents era un grupo estadounidense, seguramente de algún lugar soleado donde el twist se bailara en la calle.
Por eso mi sorpresa fue mayúscula cuando, muchos años después, descubrí que eran suecos. ¿Te lo puedes creer? El twist que llegó del frío. Cómo pudo llegar un disco así a mi casa es todavía un misterio para mí. Definitivamente mis padres eran más «modernos» de lo que yo creía. Pero supongo que eso es lo que pensamos todos los hijos sobre los nuestros.
Un grupo de Estocolmo con alma de Shadows
The Violents se formaron en Estocolmo en 1959, en plena efervescencia del rock instrumental europeo. La formación original la integraban Rolf Hammarström y Hasse Rosén a las guitarras, Lennart Carlsmyr al bajo y Tord Jonsby a la batería. Su referencia confesa era The Shadows, y se nota: ese sonido de guitarra brillante y algo reverberado que tanto me atrapaba de crío no es casualidad, es la escuela de Hank Marvin trasplantada al norte de Europa.
En 1961 llegó su gran momento sueco con «Alpens Ros», que subió hasta el puesto número cinco de las listas de éxitos suecas, la Tio i Topp. Precisamente ese tema es uno de los cuatro que aparecen en este single español.
Un año después, en 1962, se incorporó como cantante Jerry Williams, y con él grabaron «Darling Nelly Grey», el primer single que firmaron juntos. A partir de ese momento el grupo empezó a presentarse como «Jerry Williams & The Violents», aunque en esta edición española el protagonismo en la portada sigue siendo íntegramente para The Violents.
El detalle más curioso de todo el repertorio, sin embargo, está en la propia cara A, justo a continuación de «Darling Nelly Grey»: «Liebestwist». La canción fue vetada por la radio sueca por considerarse una profanación de una obra clásica, nada menos que el «Liebestraum» de Franz Liszt. Basta mirar los créditos de la propia portada española para confirmarlo: ahí, entre paréntesis, figura «(Liszt)» como autor. Convertir a ritmo de twist una pieza para piano del romanticismo alemán era, cuando menos, una osadía.

El objeto: Discophon 17.198
El single que tengo en las manos es la edición española, publicada por Discophon con el número de catálogo 17.198, «Alta Fidelidad». La portada, ilustrada y muy en la línea gráfica del pop europeo de principios de los sesenta, lleva el sello de «Twist» en una etiqueta colgante, como si fuera el lazo de un regalo, subrayando que estamos ante un disco pensado para vender baile, no solo música.
La contraportada es, si cabe, todavía más reveladora del contexto de la época. Bajo el título «EN LA MISMA COLECCIÓN» aparece todo un catálogo de la fiebre del twist que Discophon estaba explotando en España por aquel entonces: Oliver and The Twisters con «Jolly Cholly», «El Rey del Twist» o «Boogie Woogie Twist»; Jack Hammer con «New Orleans» y «Las Tres Menos Cuarto»; The Marcels con «Alegre Twist» y «Penas del Corazón». Un pequeño catálogo de baile que demuestra hasta qué punto el twist fue, durante un par de años, un fenómeno comercial que las discográficas explotaron sin descanso, importando y adaptando grupos de medio mundo.
Un misterio sin resolver
Sigo sin saber cómo llegó este disco sueco, editado en España, a mi casa. Puede que fuera un capricho de mis padres, puede que simplemente estuviera de moda en la tienda de discos del barrio y cayera casi por azar. Lo que sí sé es que aquel niño que escuchaba estas guitarras pensando en América nunca imaginó que, décadas más tarde, tendría que rectificar el mapa: el twist, al menos este twist, venía del frío.



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