<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Prog Rock &#8211; Dando Vueltas</title>
	<atom:link href="https://dandovueltas.es/tag/prog-rock/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://dandovueltas.es</link>
	<description>Historias sobre mi colección de discos</description>
	<lastBuildDate>Wed, 04 Nov 2026 21:05:47 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.1.4</generator>

<image>
	<url>https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/cropped-logo-simple-1-32x32.png</url>
	<title>Prog Rock &#8211; Dando Vueltas</title>
	<link>https://dandovueltas.es</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Eclipse</title>
		<link>https://dandovueltas.es/2026/08/12/eclipse/</link>
					<comments>https://dandovueltas.es/2026/08/12/eclipse/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rinkun]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 18:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Discos]]></category>
		<category><![CDATA[Pink Floyd]]></category>
		<category><![CDATA[Prog Rock]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://dandovueltas.es/?p=606</guid>

					<description><![CDATA[Siempre guardaba una moneda para «Money». No sé si era una superstición o simplemente costumbre, pero cuando entraba en aquel bar con la sinfonola en la esquina, mi mano ya sabía separar una moneda del resto antes incluso de pedir la consumición. Podía gastarme las demás en lo que fuera, pero esa siempre se quedaba [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Siempre guardaba una moneda para «Money».</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sé si era una superstición o simplemente costumbre, pero cuando entraba en aquel bar con la sinfonola en la esquina, mi mano ya sabía separar una moneda del resto antes incluso de pedir la consumición. Podía gastarme las demás en lo que fuera, pero esa siempre se quedaba aparte, reservada, como quien guarda la última bala. El tintineo de las cajas registradoras al principio de la canción, ese bajo que entra cojeando antes de que todo se ponga en marcha&#8230; había algo casi ritual en pulsar el botón, esperar el clic del brazo mecánico buscando el disco correcto entre la fila, y dejar que sonara mientras el resto del bar seguía a lo suyo, ajeno a que para mí aquello era, durante tres minutos, lo único que importaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo curioso es que nunca, hasta hoy, he escuchado el disco entero. Conocía «Money» de memoria, por supuesto. Alguna vez «Time» se colaba también en la programación de la máquina, con esos relojes de pared sonando todos a la vez al principio, un efecto que me parecía el colmo de la modernidad. Pero <em>The Dark Side of the Moon</em>, como álbum, como obra completa pensada para escucharse de principio a fin, seguía siendo territorio inexplorado. Una de esas deudas pendientes que uno arrastra durante años, sabiendo que están ahí, aplazándolas sin motivo real, hasta que un día se presenta la excusa perfecta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h2 class="wp-block-heading">La portada que miraba sin escuchar</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de escuchar una sola nota del álbum completo, ya conocía su portada de memoria. El prisma negro sobre fondo también negro, el haz de luz blanca entrando por la izquierda y descomponiéndose en el arcoíris que sale por el otro lado. La vi en tiendas de discos, en las estanterías de amigos, en pósters, camisetas, en todas partes menos girando en mi propio tocadiscos. Es una de esas portadas que existen casi independientemente del disco que envuelven, un símbolo que reconoce hasta quien no ha escuchado un solo acorde de Pink Floyd en su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me atraía sin que supiera muy bien por qué. Quizás por esa sobriedad tan poco habitual: ni una palabra, ni el nombre del grupo, ni el título del disco. Solo el prisma, la luz entrando y saliendo transformada. Diseño de Hipgnosis y George Hardie, minimalista y a la vez cargado de sentido, porque en realidad resume el álbum entero: algo simple que entra y sale convertido en múltiples cosas distintas. El tiempo, el dinero, la locura, la muerte, la propia vida cotidiana descompuesta en su espectro de ansiedades.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1200" height="1200" src="https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/Dark_Side_of_the_Moon-1200x1200.jpg" alt="" class="wp-image-614" srcset="https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/Dark_Side_of_the_Moon-1200x1200.jpg 1200w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/Dark_Side_of_the_Moon-800x800.jpg 800w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/Dark_Side_of_the_Moon-150x150.jpg 150w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/Dark_Side_of_the_Moon-768x768.jpg 768w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/Dark_Side_of_the_Moon.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption class="wp-element-caption">The Dark Side of the Moon &#8211; Portada</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Un disco «capital»</h2>



<p class="wp-block-paragraph">No hace falta que me extienda demasiado en esto: sobre <em>The Dark Side of the Moon</em> se ha escrito ya lo indecible. Grabado en Abbey Road, publicado en 1973, con Alan Parsons como ingeniero de sonido dando forma a una producción que sonaba a años luz de cualquier otra cosa. Un disco conceptual sin ser pretencioso, que aborda las presiones de la vida moderna —el tiempo que se escapa, el dinero que todo lo condiciona, la salud mental al límite— con una cohesión sonora que lo convirtió en piedra angular del rock progresivo y en una de las referencias obligadas de cualquier colección que se precie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es de esos discos «capitales» con mayúscula, de los que uno da por escuchados aunque en realidad solo conozca fragmentos sueltos, sacados de contexto, como los míos, rescatados canción a canción en la sinfonola de un bar que ya ni siquiera existe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El álbum se publicó el 1 de marzo de 1973. Mi cumpleaños. No sé si eso significa nada, o si es simple casualidad estadística sobre la que uno puede tejer historias, pero desde que lo supe me cuesta no verlo como una señal, como si el disco llevara más de cincuenta años esperando pacientemente a que llegara el día en que por fin le prestara la atención que merece.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El día en que por fin cierro el círculo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy es 12 de agosto de 2026, y esta tarde, mientras el cielo sobre mi cabeza se oscurece durante un eclipse total de Sol —el primero visible desde la península en más de un siglo—, voy a escuchar por fin <em>The Dark Side of the Moon</em> de principio a fin. No sé si suena excesivo buscar una correspondencia entre el fenómeno astronómico y el disco, pero el propio título de la última canción me lo ha puesto en bandeja: «Eclipse».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí, en el último tema, es donde el álbum cierra su círculo: «todo lo que tocas, todo lo que ves, todo lo que pruebas&#8230;» una enumeración que se dispara hasta rematar en esa frase que resume el disco entero, «and everything under the sun is in tune, but the sun is eclipsed by the moon» — todo bajo el sol está en armonía, pero el sol queda eclipsado por la luna. Escrito hace más de cincuenta años, sin que nadie pensara entonces en un eclipse real cayendo sobre España un 12 de agosto de 2026, y sin embargo aquí estamos, con la letra y el cielo diciendo, por una vez, exactamente lo mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No tengo todavía un vinilo propio del álbum —esa es otra tarea pendiente, y hasta se me ocurre que quizás sea la excusa perfecta para conseguir uno digno de una fecha así—, pero eso no me impedirá escucharlo hoy. Esta entrada queda aquí como recordatorio: el día en que el cielo se oscureció sobre mi ciudad y yo, por fin, dejé que el disco entero sonara hasta el final. La próxima vez que alguien me pregunte dónde estaba y qué hacía durante el eclipse solar total del 12 de agosto de 2026, ya tengo respuesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<figure class="wp-block-embed aligncenter is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Pink Floyd - Eclipse (2023 Remaster)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/7-mFsGm1uvQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div><figcaption class="wp-element-caption">Pink Floyd &#8211; Eclipse</figcaption></figure>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://dandovueltas.es/2026/08/12/eclipse/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Metamorfosis</title>
		<link>https://dandovueltas.es/2026/08/03/metamorfosis/</link>
					<comments>https://dandovueltas.es/2026/08/03/metamorfosis/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rinkun]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Aug 2026 10:06:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Discos]]></category>
		<category><![CDATA[Prog Rock]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blog.vinyl45.es/?p=408</guid>

					<description><![CDATA[El día que descubrí que los Canarios de «Get On Your Knees» habían grabado el Vivaldi más extraño de 1974 Era sábado por la mañana, primer año de bachillerato. Y un sábado por la mañana en el internado podía ser una de estas dos cosas: una eternidad sin nada que hacer, o —si tenías suerte— [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h3 class="wp-block-heading"><strong>El día que descubrí que los Canarios de «Get On Your Knees» habían grabado el Vivaldi más extraño de 1974</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Era sábado por la mañana, primer año de bachillerato. Y un sábado por la mañana en el internado podía ser una de estas dos cosas: una eternidad sin nada que hacer, o —si tenías suerte— una de esas audiciones que el centro programaba de vez en cuando en la sala de música. Ese día tocaba Vivaldi. Las Cuatro Estaciones. Y, según el cartel de la puerta, una versión a cargo de un grupo llamado Canarios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese nombre sí me sonaba, y mucho: era el mismo grupo de «Get On Your Knees», una canción que había escuchado mil veces sin plantearme jamás quién estaba detrás. Por eso la intriga fue inmediata, antes incluso de que sonara la primera nota. ¿Qué tenían que ver los Canarios que yo conocía con Vivaldi? Me senté con más curiosidad que expectativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Salí de aquella sala sin saber muy bien qué acababa de escuchar. Aquello no se parecía a nada que yo conociera del «rock español» de la época, y desde luego no se parecía a Vivaldi tal y como yo lo tenía en la cabeza. Sintetizadores que gemían, un Mellotron que parecía respirar, una soprano cantando en medio de guitarras eléctricas, y una historia —porque aquello contaba una historia— que iba de la creación del mundo a un apocalipsis situado, nada menos, que en el año 2700. El desconcierto inicial se transformó en fascinación pura: ¿cómo se llega de «Get On Your Knees» a esto? Nunca olvidé ese día.</p>



<figure class="wp-block-embed aligncenter is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Canarios - Ciclos (1974)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/XAmLs0GjBVk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div><figcaption class="wp-element-caption">Canario &#8211; Ciclos (1974)</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>De Las Palmas al vinilo más ambicioso del prog español</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">La historia empieza en Las Palmas de Gran Canaria, a mediados de los sesenta, cuando un grupo local llamado Los Ídolos cruza el Atlántico rebautizado como The Canaries para grabar en Los Ángeles, en los estudios de la RCA, bajo el ala de la productora de The Tokens. Aquel disco americano no llegó a publicarse, y la banda regresó a España para reinventarse de nuevo, esta vez como Los Canarios: soul, R&amp;B, letras en inglés, y un puñado de discos entre 1968 y 1972 que los situaron como una más de las bandas pop/rock de su generación —sin especial vocación de trascender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El punto de inflexión llega por un motivo tan poco romántico como la mili. Teddy Bautista, alma del grupo, tiene que cumplir el servicio militar y la banda queda en suspenso. Cuando Bautista vuelve, no reactiva Los Canarios: funda Canarios, a secas, con una formación casi enteramente nueva y de vocación internacional —el batería francés Alain Richard, el bajista también francés Christian Mellies, el guitarrista Antonio García de Diego, el teclista Mathias Sanveillan. Y con ellos se mete en el proyecto más desmedido que se haya intentado en el rock español de los setenta: adaptar Las Cuatro Estaciones de Vivaldi al lenguaje del rock progresivo sinfónico, en toda su pompa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado, publicado en 1974 por Ariola, se llama <em>Ciclos</em>. Cuatro actos —«Paraíso Remoto», «Abismo Próximo», «Ciudad Futura», «El Eslabón Recobrado»— que ocupan una cara de vinilo cada uno, con una duración total que roza los setenta y tres minutos. Bautista, que había descubierto los sintetizadores y no pensaba disimularlo, se rodea de Moog, Mellotron M400, VCS-3 y ARP 2600, y añade un coro dirigido por Alfredo Carrión y una soprano de origen indonesio, Rukmini Sukmawati —nada menos que hija del expresidente Sukarno— para dar al conjunto ese aire entre litúrgico y cósmico que atraviesa todo el disco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que un proyecto de esta envergadura pudiera siquiera grabarse en la España de 1974, con la dictadura agonizando pero todavía viva, y en un momento en que el rock español apenas tenía presencia en las listas frente al dominio de la canción de autor, es ya de por sí una rareza. Que además se convirtiera, con los años, en la obra más reverenciada del prog sinfónico español, todavía lo es más.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-style-default"><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="900" src="https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/07/cicles-cara1-1200x900.jpg" alt="Cara A" class="wp-image-416" style="aspect-ratio:1.3311148086522462" srcset="https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/07/cicles-cara1-1200x900.jpg 1200w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/07/cicles-cara1-800x600.jpg 800w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/07/cicles-cara1-768x576.jpg 768w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/07/cicles-cara1-1536x1152.jpg 1536w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/07/cicles-cara1-2048x1536.jpg 2048w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/07/cicles-cara1-300x225.jpg 300w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/07/cicles-cara1-1024x768.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></figure>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La sorpresa: cuando Ciclos cruzó la frontera convertido en Cycles</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que no sabía yo aquella mañana de sábado —y lo que he tardado años en descubrir con pruebas en la mano— es que <em>Ciclos</em> tuvo una vida paralela fuera de España. Ariola-Eurodisc lanzó una edición para el mercado de exportación, prensada en Holanda, con el título íntegramente anglicanizado: <em>Cycles</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de una regrabación ni de una versión distinta: es la misma grabación de 1974, con la misma producción de E. Bautista y A. Morales para Ariola Spain, pero repensada para un oyente que no lee español. La portada mantiene la misma ilustración —esa figura de barba larga enmarcada por dos alas que, mirada con calma, resulta ser una mariposa completa vista de frente— pero el título «Ciclos» desaparece por completo, sustituido por «canarios / Cycles — Based upon Antonio Vivaldi&#8217;s &#8216;The Four Seasons'».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la traducción no se queda en la portada. En la etiqueta del disco, cada uno de los movimientos aparece rebautizado: el «Primer Acto: Paraíso Remoto» se convierte en «First Transmigration (The Remote Paradise)», y dentro de él, títulos como «Genesis», «Prana (Primary Cry)», «First Vision of a New World», «Hymn to the Peremptory Harmony of the Universe», «First Steps in a New World» y, cómo no, «Extravagant Metamorphosis» —la traducción literal, casi pomposa, de la «Metamorfosis Extravagante» original.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese último título, de hecho, podría servir de resumen para todo el artículo. Porque si uno mira bien esa portada, lo que hay dibujado no es solo una figura mística flotando entre nubes: son las alas desplegadas de una mariposa. Y una mariposa, como cualquier oyente de aquella sala de audiciones sabía muy bien, es lo que queda después de una metamorfosis.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="937" height="1200" src="https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/cicles-contraportada-937x1200.jpg" alt="" class="wp-image-590" srcset="https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/cicles-contraportada-937x1200.jpg 937w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/cicles-contraportada-625x800.jpg 625w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/cicles-contraportada-768x983.jpg 768w, https://dandovueltas.es/wp-content/uploads/2026/08/cicles-contraportada.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 937px) 100vw, 937px" /><figcaption class="wp-element-caption">Detalle de la contraportada</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Tres metamorfosis en una</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Pensándolo con perspectiva, en esta historia hay tres transformaciones superpuestas. La banda que muta del pop/soul adolescente a un proyecto sinfónico de ambición desmedida. El disco que muta físicamente al cruzar una frontera, cambiando de idioma sin cambiar una sola nota. Y, en medio de las dos, un oyente adolescente que entra a una sala de audiciones esperando escuchar a Vivaldi y sale sabiendo que acaba de escuchar, disfrazado de otra cosa, al mismo grupo de «Get On Your Knees».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Han pasado muchos años desde aquel sábado. Pero cada vez que tengo en las manos este disco —«Cycles», nada menos, prensado en Holanda, con esas etiquetas plateadas de Ariola y ese sticker de catálogo pegado con el cuidado de quien preparaba envíos a medio continente— vuelvo, por un momento, a aquella sala de audiciones. Y entiendo, mejor que entonces, por qué nunca olvidé ese día.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://dandovueltas.es/2026/08/03/metamorfosis/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
